Después de pasar unos días en Bangkok tramitando visados, y ya en el ecuador de nuestro viaje, nos adentramos en Camboya.
A primera vista, lo que más nos impactó de este país, con respecto a sus vecinos, fue su pobreza, aunque hay que considerar que su gente todavía sufre las recientes secuelas de una guerra civil y del genocidio de los jemeres rojos. Sin embargo, en nuestro trayecto en autobús, quedamos sorprendidos al descubrir la otra cara de Camboya, la belleza de sus paisajes rurales y las sonrisas de los niños jugando y bañándose en los arrozales.
Siem Reap fue nuestro primer destino. Allí alquilamos unas bicicletas y nos dedicamos a recorrer lo que antaño fue el resplandor del imperio jemer y lo que actualmente muchos consideran la octava maravilla del mundo, los templos de Angkor. Maravillados nos quedamos nosotros ante la majestuosidad de Angkor Wat, la estructura religiosa más grande jamás construida; ante las enigmáticas miradas de las 200 caras que decoran este templo de Bayón y ante la voracidad de la selva que con las raíces de los árboles asfixia el templo de Ta Prohm.
Casi igual de sorprendente es ver la cantidad de japoneses que pueden llegar a congregarse ante los templos para tomar fotografías de la salida y puesta del sol.
Sin embargo la aventura continuaba en el camino de vuelta al hotel, un trayecto de unos 6 km en bici entre el caótico tráfico, esquivando todo tipo de vehículos, baches y animales, lo que produjo más de un sobresalto.
Ana, Jorge y Benito.






Me encanta Benito! Adelantar un elefante en la bici, eso por aquí no pasa...jajaja
ResponderEliminarqué chulo... desde ahí felicitaste a rafa, nos encantó el video, espero que estéis grabando también aparte de hacer fotos ;)
ResponderEliminar