Nuestra llegada a Chiang Mai estuvo marcada por el inusual encuentro con una pareja de recién casados que estaban haciéndose el reportaje fotográfico entre las sinuosas callejuelas enmarcadas en el interior del canal que delimita la parte antigua de la ciudad. Por supuesto hubo foto grupal para el recuerdo. Seguidamente nos dispusimos a continuar nuestra búsqueda de alojamiento, puesto que el cansancio comenzaba a hacerse notar. Lo conseguimos en el hostel Pakinai (aconsejable en cuanto a precio, trato y ubicación).
Cabe destacar de esta ciudad norteña los templos de Wat Chedi Luang, donde pudimos presenciar el rezo de los monjes budistas, y el de Doi Suthep, encumbrado en lo alto de una colina, y donde otro monje nos bendijo para nuestro viaje. También son reseñables los mercadillos callejeros del sábado y domingo, abarrotados de gente, y en donde hubiéramos cargado a buen seguro, y de buen agrado, nuestras mochilas.
Por otra parte, y para no olvidar nuestras raices celebramos junto a nuestros amigos de Gasteiz: Izaskun y Unai (nos acordamos mucho de vosotros) el Celedón, una noche bañada en cerveza, divertida y alegre llena de múltiples anécdotas.
Por último, y para despedirnos de esta acogedora ciudad, vivimos nuestro primer masaje thai (1 hora por 5 euros). Toda una experiencia. Chiang Mai tiene algo especial en su conjunto, indescriptible, tal vez marcado por las vivencias que se precipitan durante el tiempo que uno permanece aquí.
Jorge, Ana y Benito.






qué bonitooo todo me encanta! sobretodo la mini casita o mini templo o mini lo que sea jajaj de la penúltima foto :)
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